Perú fue a las urnas este domingo por segunda vez en tres meses para elegir a su próximo presidente. Con nueve mandatarios en diez años, una crisis política estructural y una inseguridad que triplicó la tasa de homicidios en Lima entre 2020 y 2025, los 27 millones de electores peruanos no acudían a las urnas con entusiasmo. "Tenemos que escoger entre el mal menor", dijo Renzo Masa, estudiante de 23 años, tras votar.
Dos candidatos en los extremos, ninguna mayoría
La candidata derechista Keiko Fujimori, de 51 años y representante de Fuerza Popular, se enfrentó al izquierdista Roberto Sánchez, de 57, de Juntos por el Perú. Juntos, en la primera vuelta de abril, no superaron el 30% de los votos —en una jornada empañada además por fallos logísticos y denuncias de fraude que tardaron un mes en resolverse y profundizaron la desconfianza institucional.
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Fujimori reivindica el legado económico de su padre Alberto Fujimori —quien estabilizó la economía pero fue condenado por crímenes de lesa humanidad— y promete mano dura contra la delincuencia: militarizar cárceles y zonas conflictivas, y expulsar migrantes. Sánchez, que fue ministro de Comercio Exterior bajo Pedro Castillo —el expresidente rural preso por el fallido autogolpe de 2022—, suavizó su discurso en la recta final, prometiendo respetar la autonomía del banco central y mantener la apertura económica para no espantar a los mercados.
Los ejes del debate:
- Seguridad: Lima triplicó su tasa de homicidios entre 2020 y 2025, llegando a 23 por cada 100.000 habitantes. Las extorsiones registraron unas 30.000 denuncias en 2025, nueve veces más que cinco años antes.
- Economía: el país crece al 3,4% con baja inflación, pero siete de cada diez trabajadores están en la economía informal.
- Gobernabilidad: ninguno tiene mayoría legislativa, lo que anticipa un nuevo ciclo de conflicto con el Congreso.
El factor anti-político
"Estamos en una crisis que lleva más de una década." — Renzo Masa, estudiante, tras votar en Lima
El analista Jeffey Radzinsky advirtió que "quien gane deslegitimará el resultado si es apretado", generando más inestabilidad. El sociólogo David Sulmont coincidió en el diagnóstico. El rechazo histórico a ambos candidatos funciona como fuerza política en sí misma: el antifujimorismo activa recuerdos del autoritarismo de los años 90; el antisanchismo asocia al candidato con el caos de la gestión Castillo.
Los menores de 30 años representan cerca de una cuarta parte del electorado, y muchos de quienes protagonizaron protestas el año pasado no creen que ninguno de los dos pueda lograr un cambio real.
Un país estable en papel, inestable en la calle
Quien gane recibirá un Perú económicamente más sólido de lo que la narrativa de crisis hace pensar: crecimiento del 3,4%, baja inflación, banco central independiente. Pero también un país donde la economía informal absorbe a la mayoría de los trabajadores, donde la confianza en las instituciones está por los suelos y donde el Congreso ha derribado presidentes con una regularidad que asombra al resto de América Latina.
Qué sigue
El ganador sustituirá al mandatario interino José María Balcázar a partir del 28 de julio. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ya advirtió que los resultados finales certificados no se conocerán hasta mediados de julio, por el nuevo proceso de recuento en mesas impugnadas. Dado lo ajustado de las encuestas —todas apuntaban a empate técnico—, el país se prepara para semanas de incertidumbre. El noveno presidente de la década tendrá que demostrar que puede hacer lo que los ocho anteriores no lograron: terminar su mandato.