Por primera vez en casi siete años, Xi Jinping aterrizó este lunes en Pyongyang para reunirse con Kim Jong-un. La visita, que se extiende del 8 al 9 de junio, no es un gesto de amistad rutinaria: es una señal de que China siente que está perdiendo influencia sobre un aliado que se le escapa hacia Moscú.
El último viaje de Xi a la capital norcoreana fue en 2019. Desde entonces, el mundo cambió radicalmente: Rusia invadió Ucrania, Kim Jong-un firmó un pacto de defensa mutua con Putin y unos 2.300 soldados norcoreanos murieron combatiendo junto a las fuerzas rusas en Ucrania, según investigaciones de la BBC. Pekín observa esta convergencia con creciente inquietud.
Una relación "forjada en sangre" con grietas
China y Corea del Norte suelen describir su vínculo como una amistad "forjada en sangre", en referencia a la intervención china en la Guerra de Corea (1950-53). El tratado de defensa mutua que une a ambos países —el único que Pekín mantiene con otro Estado— cumple este año 65 años.
Pero esa retórica coexiste con tensiones profundas. Durante sus primeros seis años en el poder, Kim Jong-un supervisó 90 pruebas de misiles balísticos y cuatro ensayos nucleares, más que su padre y su abuelo juntos. La ejecución en 2013 del tío de Kim —considerado por Pekín una figura moderada— amplió la distancia entre ambos países.
2.300 millones de dólares en exportaciones chinas a Corea del Norte en 2025, el nivel más alto en seis años
El triángulo Pekín-Pyongyang-Moscú
"China quiere asegurarse de que sus intereses en Corea del Norte sigan protegidos en un momento de rápida convergencia entre Moscú y Pyongyang." — Ankit Panda, Fundación Carnegie para la Paz Internacional
La visita se produce pocas semanas después de que Xi recibiera en Pekín tanto a Donald Trump como a Vladimir Putin. El líder chino busca posicionarse como árbitro de la geopolítica asiática, y una Corea del Norte que actúa de forma cada vez más autónoma —o supeditada a Rusia— complica ese rol.
Pekín está especialmente preocupado por que el refuerzo del nexo Pyongyang-Moscú provoque una mayor cohesión entre EE.UU., Japón y Corea del Sur. China no respalda el arsenal nuclear norcoreano precisamente porque fortalece la presencia militar estadounidense en la región, pero tampoco quiere presionar a Kim abiertamente.
Según el investigador Victor Cha del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales: "Si China adoptara una postura dura contra el programa nuclear norcoreano, solo conseguiría empujar aún más a Corea del Norte hacia los brazos de Putin."
Qué sigue
La reanudación del servicio ferroviario de pasajeros Pekín-Pyongyang a principios de este año fue un gesto simbólico de distensión. Xi describió a ambos países como "buenos vecinos, buenos amigos y buenos camaradas unidos por un destino compartido", aunque llamó la atención la ausencia de cualquier mención al programa nuclear en las declaraciones públicas.
La desconfianza mutua persiste, pero ambas partes siguen convencidas de que se necesitan más de lo que les gustaría admitir. Esa ecuación, incómoda y calculada, es la que mantiene viva una relación que oscila entre la cercanía formal y la desconfianza estructural.